El Parque Nacional Torres del Paine y sus áreas adyacentes albergan una de las poblaciones de pumas (Puma concolor) más significativas a nivel global, consolidando a la región como un hábitat crítico para la especie. Esto ha impulsado un incremento exponencial en las actividades de observación del puma durante los últimos años. Este fenómeno, intensificado por la proliferación de registros visuales en medios de comunicación y redes sociales, ha exacerbado el deseo de los turistas por experimentar encuentros cercanos con estos ejemplares. No obstante, dicha interacción desregulada plantea escenarios de riesgo que amenazan la seguridad tanto de los visitantes como de la conservación de esta especie. Estas conductas se centran en 4 ejes: 

  1. La perturbación de la conducta natural de la especie (acoso, distracción, intrusión en su hábitat, aproximación peligrosa).

  2. Afectación de los ciclos biológicos de la especie (época de pariciones, caza, alimentación, lactancia y periodo de enseñanza de las madres a las crías, aspectos vitales para el éxito reproductivo de la especie).

  3. El riesgo de incidentes relacionados a conductas viales inapropiadas (estacionamiento en lugares no autorizados, congestión, riesgo de atropello).

  4.  Subestimar los riesgos de incidente o ataque de pumas hacia las personas.

Tenemos la responsabilidad de informar a los visitantes los riesgos potenciales asociados a la visita de un área protegida. Si bien las probabilidades de sufrir ataques de un puma son bajas, se debe considerar que es una especie potencialmente peligrosa, y que la mayoría de las situaciones de riesgo son propiciadas  por desconocimiento y/o conducta inapropiada de las personas.

“Que tu presencia no altere su naturaleza”.

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